En esta sección encontrarás artículos, imágenes, noticias, curiosidades… Y también recomendaremos libros, documentales, películas… Será, en definitiva, un gran “cajón de sastre” en el que tendrá cabida todo aquello que nos ayude a difundir, de una manera sencilla, aspectos que tengan que ver con la ciencia psicológica.

Que se pare el mundo que yo… ¡Me bajo!

Que se pare el mundo que yo… ¡Me bajo!
  • … Tío, la verdad es que no me encuentro nada bien últimamente. Duermo poco por no decir nada, casi no como, no tengo ganas de salir y con mi chica no me apetece hacer nada pero nada de nada. Ya sabes… Además, no paro de darle demasiadas vueltas a la cabeza. Aparentemente no tengo ningún problema. Es solo… es solo que siento que me falta tiempo para todo y para todos pero, sobre todo, para mi ¡Estoy tan ocupado últimamente!
  • Lo sé. Hace tiempo que no estás para nada ni para nadie que esté ajeno a tu cada vez más reducido mundo llamado agenda y cuando estás… es deprisa y corriendo, estando la mayor parte del tiempo ausente y como preparado para huir. Mírate. Te acabas de beber de una sentada el café que estaba hirviendo y no estás sentado en el taburete, solo ligeramente apoyado como si sentarte bien te hiciera perder una gran parte de tu preciado y valioso tiempo.
  • Perdona. De verdad que no lo hago de manera consciente pero me siento como un hámster girando en una rueda que va cada vez más rápido y que exige más y más de mí.
  • No tengo nada que perdonarte porque ya sé que tus comportamientos no son premeditados. Además, cada uno puede vivir su vida como felizmente quiera sino daña a nadie. Los hay que se la beben a sorbos y los hay que parece que se le acabaron las pilas. El posible problema viene cuando la forma de vida que lleves (ya sea escogida o impuesta) te afecte y ese, querido amigo, es tu caso: Te sientes cada vez más ahogado y me dices que tu manera de vivir te está creando ya inconvenientes en tu día a día. Pues que sepas que tirar más y más de la cuerda puede llevar a que esta se rompa. En este caso, la cuerda eres tú ¿Quieres pagar el precio de “romperte”?
  • Obviamente ¡NOOO! Pero… ¿qué hago? ¿Parar? ¿Esa sería la solución?
  • Soy psicólogo, no Esperanza Gracia. No puedo ver tu futuro y además, tampoco tengo la solución a  todos los problemas del y de todo el mundo ¡Ojalá! Lo único que puedo hacer es mostrarte quizá otro punto de vista, otra manera de ver las cosas a través de mis ojos y luego la decisión la tendrás que tomar tú ya que hablamos de tu vida y de tus circunstancias. Solo puedo decirte que si ahora sientes que es imposible parar totalmente tu carrera, reduzcas de quinta a tercera y empieces por contemplar algo el paisaje de tu día a día. A funcionar de forma más lenta, menos autómata y disfrutando más de las pequeñas cosas al darte cuenta de que existen. No te quedes con que acabas de pasar por un pueblo porque la velocidad te ha impedido fijarte en nada más. Empieza a quedarte con aquella casa con una forma extraña, con aquella otra de ventanas verdes o aquella de más allá llena de enredaderas que adornan su fachada ¿Entiendes lo que te trato de explicar?
  • Creo que sí pero el problema es que ya no sé vivir de otra manera porque siempre he vivido así…
  • Eso no es cierto. En los últimos tiempos has sido tú el que dejado que la rueda de tu vida vaya cada vez más y más rápida. Tanto que ya no recuerdas como eras hace tan solo unos meses porque estás enganchado a la prisa, al movimiento, a lo inmediato. Ahora, tu mundo es ese y lo triste, es que lo que vives no es totalmente real sino un simple guion que tú mismo te has impuesto aún no sé por qué y que se mantiene por tu propia autoexigencia.
  • Y… ¿qué hago? ¿Cambio de vida?
  • No seas tan dramático. En este caso no creo que todo sea blanco o negro sino que estoy seguro y convencido de que hay multitud de grises. Para empezar, creo que podrías dedicarte un día o medio (si uno te parece demasiado) a ti. Aprovecha para hacer algo que verdaderamente te guste y te relaje (por ejemplo, irte a un spa o a pasear por la playa) y aprovecha para pensar. Sin agobios. Sin prisas. No es necesario que decidas nada en ese momento. Tan solo plantéate cosas como ¿cómo eras antes?, ¿en qué me he convertido ahora?, ¿estoy dónde siempre quise estar? ¿vivo como realmente quiero vivir? ¿soy feliz?… En función de lo que te respondas, tú mismo te darás cuenta de si necesitas o no cambiar algo y en qué deben consistir esos cambios. Detenerte a pensar en este tipo de cuestiones ya será el principio del cambio, el mejor de los principios de hecho.
  • No sé si estoy preparado…
  • Claro que lo estás pero como casi todos (entre los que me incluyo), tienes miedo. Te has acostumbrado a una inercia, a una costumbre, a una zona de confort… que si bien no te hacen feliz, son las tuyas. Todo esto es lo que hizo que ni te planteases hasta ahora hablar conmigo de lo que te preocupa. Solo quiero que pares y te escuches. Parece muy difícil pero no lo es tanto. Puedes hacerlo. Confío en ti…

Confío en él y en cualquiera de los que lean esta humilde reflexión y decidan hacer suya la frase de “que se pare el mundo que yo… me bajo” porque eso significará que necesitan cambiar algo de su vida. También confío en aquellos que aún sin finalmente cambiar nada han sido valientes para detenerse a pensarlo siquiera.

Como en cualquier cuento, toda historia empieza por un principio y el principio que nos ocupa aquí y ahora, es el de aceptar que quizá esa vida que creían que les gustaba, la buscada, la soñada, la cómoda, la que les hacía felices… no existe. Ese proceso de darse cuenta primero, y de aceptarlo después NO es en absoluto fácil. De hecho, les mentiría si les dijese lo contrario. La sensación, será similar a cuando ese castillo que hacían de pequeños en la orilla de la playa se derrumbaba a la mínima oportunidad porque no era fácil encontrar la proporción correcta entre agua y arena para que la masa fuese compacta y aguantase ¿La recuerdan? Pues siguiendo el símil, aceptar que no han encontrado su verdadero camino y que ni siquiera saben muy bien por qué les creará la misma pena y desazón que sentían en aquellos primeros momentos tras el derrumbe pero créanme, este será el paso más difícil. Si llegan hasta aquí, lo que les queda será mucho más sencillo puesto que aunque las decisiones a tomar sean dolorosas o complejas, tendrán una hoja de ruta ya trazada (ya saben lo que quieren y lo que no) y dejarán de ser simples hojas mecidas por ese viento llamado rutina.

Su destino, es suyo (valga la redundancia) pero para que las cosas ocurran, no basta con decir sino que hay que hacer y para hacer, hay que pararse, pensar, diseñar… y luego actuar porque evidentemente tan malo es quejarse y no hacer como no quejarse y hacer apresuradamente. En ambos casos el resultado es el mismo y suele ser negativo.

Así que… atrévanse a mirar un poquito en su interior y, si sienten que quieren cambiar algo, háganlo. No pierdan el tiempo con frases vacías del tipo “quizá mañana” o “ya vendrán tiempos mejores” porque el mejor momento para hacer las cosas es ahora y no porque ahora sea mejor que ayer o que mañana si no porque el hoy es lo único tangible que tenemos. El ayer ya pasó y el futuro… el futuro no existe.

Dicen que una despedida es necesaria para volver a reencontrarse así que un servidor ya se despide por hoy no con un adiós sino con un hasta la próxima. Mientras… ¡sean felices!